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Cantidad o calidad

grunge-1467467_1920Vivimos en un mundo en constante cambio, y el arma que tenemos para adaptarnos a él, es la misma que nos puede cortar en el momento menos esperado: la tecnología.
En el siglo XV, un artista tardaba hasta un año en llegar a culminar una obra. De hecho, que dedicase tanto tiempo y esmero a ello fascinaba a público y a mecenas. Hoy en día eso sería demasiado, tardando tanto pasaría de moda y nadie recordaría que se encuentra en pleno proceso de trabajo, de creación –recordemos el retrato real de Antonio López entregado a los monarcas tras 20 años de realización-. Pero a pesar de pasa tanto tiempo, realizó una obra digna del más puro realismo del siglo XX, y no fue un hecho tan sonado. Sin embargo todos nos acordamos de “vaso medio lleno” de la Feria ARCO de 2016, obra que contaba con un vaso lleno de agua hasta la mitad sobre una estantería. Comparativa, de la primera, resaltó en titulares el tema del tiempo que tardó López en terminar la obra; de la segunda, la obra en sí que, buena o mala, ocupo por sí misma principales cabeceras.
Pero… ¿Qué pasa con la comunicación? Si el mundo del arte, existente desde comienzos de la humanidad, sufre este constante cambio, el mundo de la comunicación que es relativamente reciente no iba a ser menos. Tal y como lo conocemos hoy en día, comenzó su despunte a comienzos del siglo XIX con el nacimiento de los combustibles aumentaron las vallas publicitarias en USA, las primeras señales luminosas en Times Square, etc. Sólo 90 años más tarde, los psicólogos comenzaron a introducirse en este mundo para ayudar a los profesionales del sector a crear campañas de impacto que persuadiesen el subconsciente de los consumidores. Eso fue una novedad en su tiempo, un boom que funcionó gracias a las ideas de los creativos y periodistas. Pero a día de hoy, hace falta algo más que eso para causar impacto. Lo cual no cuadra con la velocidad del tiempo que pasa, a la que si no te adaptas estás demodé. calm-2315559_1920Entonces, qué se exige ¿calidad o cantidad? Las buenas ideas, no surgen de la noche a la mañana. El proceso de crear no es siempre sencillo, ni mucho menos rápido, la inspiración, las musas llegan cuando menos te lo esperas pero no siempre que las buscas. Y por supuesto, no siempre crear una campaña descomunal, en la que inviertes miles de euros, va a ser la que más impacto tenga. Lo que no quiere decir que nos acomodemos y dejamos que el entorno nos lleve, en vez de tomar las riendas de esta situación.
Por ponerle nombre y apellidos a algunas campañas, fijemos nuestra mirada en Netflix. Madrid vistió una de sus estaciones de metro más célebres -Chueca- con arcoíris, coincidiendo de manera sutil, con los días la celebración del Gay Pride, y haciendo eco a su vez de la serie ‘Orange Is The New Black’. Esto fue en el año 2016, y a día de hoy sigue permaneciendo, habiéndose convertido en uno de los sellos de la ciudad. Impacto y originalidad, pero también factor sorpresa. Si hay algo que llama la atención del público en un mundo en el que prácticamente está todo visto, es que los pilles por sorpresa. Que no solo sorprenda por su ordinariez –recordando de nuevo el famoso vaso de agua- sino que genere “algo más” ya que la noticia va a salir si es malo, claro, pero el efecto probablemente n sea el que se busca.
Por tanto y sin duda, calidad y originalidad antes que cantidad. Reeducar para aprender a ser exigentes en un sentido mejor, más crítico y constructivo, y no tan ávido de material.